jueves, 7 de enero de 2016

Atlas Histórico de Canarias





Reseña del Atlas:

Las Islas Canarias a través de la cartografía.

Una selección de los mapas más emblemáticos levantados entre 1507 y 1898

Por Juan Tous Meliá



Desde hacía algo más de 20 años el autor, como gran aficionado a la cartografía, había recopilado gran cantidad de información relacionada con la cartografía histórica de Canarias, con la finalidad de mostrarla por medio de ediciones cuidadas de gran formato. Después de tomar posesión como Director del Museo Militar Regional de Canarias, en junio de 1992, tuvo la oportunidad de poner en marcha el proyecto.
El primer trabajo fue la organización de la exposición La Cartografía, pasado y presente, que ayudó a conocer los fondos cartográficos que existían en las Islas así como los que se custodiaban en las cartotecas militares de la Península. Iniciada en noviembre de 1992 en la sede del Museo, al año siguiente se trasladó a la casa de Salazar de Santa Cruz de la Palma y al Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria. El éxito logrado y el interés demostrado por el público juvenil aconsejaron dedicar un espacio en el Museo Militar e iniciar la publicación de una colección que se tituló Las Islas Canarias a través de la Cartografía que incluía las Descripciones y los mapas que habían permanecido inéditos durante siglos y otros ya conocidos.
Con la ayuda de las Instituciones fue publicando libros de cartografía de Canarias, hasta que, por imperativo de la edad, en junio del año 2000 cesó como director del Museo Militar.
Entre los primeros libros que publicó es de obligado recuerdo Las Palmas de Gran Canaria a través de la Cartografía (1588-1899), edición de 1995, realizada por Tabapress con la inestimable ayuda de su director don Jesús Campos y de don Jesús Bombin (†), encargado de las ediciones del Cabildo de Gran Canaria. El libro fue galardonado por el Ministerio de Educación y Ciencia con el tercer premio de libros mejor editados en el año 1995.
A este libro le siguió, en 1996, los Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias, del general don José María Pinto de la Rosa, verdadera antología de las fortificaciones de Canarias con 467 mapas, planos y dibujos, que también recibió premio del Ministerio de Educación y Ciencia, el segundo al año siguiente. Gran parte de las imágenes del libro eran reproducciones al amoniaco de originales perdidos o custodiados en los grandes archivos y, entre ellos, descubrió los levantamientos realizados por Antonio Riviere que el eminente historiador Antonio Rumeu de Armas consideraba perdidos. Esta circunstancia fue un acicate para publicar la Descripción geográfica de las Islas Canarias por don Antonio Riviere (1740-43), libro que sirvió de catálogo de una magna exposición que recorrió las siete islas durante el curso escolar 1997-1998, e, igualmente, galardonado por el Ministerio de Educación y Ciencia con el premio de Finalista del año 1997.
Su último libro fue la Visita de las Islas y Reyno de la Gran Canaria. Se trata de una descripción manuscrita del Capitán General de Canarias don Íñigo de Brizuela, asistido por el ingeniero Próspero Casola, realizada c. 1635, citada por José de Viera en su Historia y conocida también por el ingeniero Andrés Amat de Tortosa. Descripción que se localizó a través de internet en la Biblioteca Pública de Nueva York. Al tratarse de una joya de la cartografía, se hizo una reproducción facsímil. La edición, que recibió el apoyo del Gobierno Autónomo de Canarias y de los siete cabildos insulares, se presentó en junio de 2000. Esta obra sirvió para demostrar que la Descripción de las Islas de Canaria, que se conserva en el archivo del conde de la Vega Grande de Guadalupe, escrita y dibujada en 1686 por Pedro Agustín del Castillo y León a los 16 años, no era original sino copia de la levantada por Próspero Casola.
Cuando disfrutaba de su dorado retiro, en enero de 2008 una conocida empresa canaria vino a perturbar su descanso y le propuso que preparara una colección de los mapas generales más emblemáticos de las Islas Canarias para publicarlos en gran formato en láminas sueltas. Cada lámina debía ir con su ficha catalográfica y una pequeña historia. Cuando se acercaba la fecha prevista, la entrega se aplazó hasta el año siguiente. En marzo de 2009, cuando el trabajo estaba a punto y dispuesto para entrar en máquinas, la empresa dio largas y el proyecto entró en punto muerto. Finalmente, en enero de 2010 le comunicaron que, debido a la extrema influencia de la crisis económica, desistían de llevarlo adelante. La empresa había roto el apretón de manos.
Cada una de las 80 láminas y gran parte del resto de las ilustraciones tiene su propia historia. Su custodia y conservación han generado en muchos casos una nueva historia. A vuela pluma se puede afirmar que la Descrittione que Torriani presentó al rey Felipe II se perdió y, gracias a que el autor tuvo la precaución de conservar una copia que pasó a sus herederos y, de éstos, a la Biblioteca de la Universidad de Coimbra, se ha podido recuperar.
Más complejas fueron las vicisitudes que tuvo la Visita de Próspero Casola, dedicada al rey Felipe IV. En el siglo XVII estaba en la biblioteca del marqués de Montealegre de donde, por venta o extravío, pasó a manos de la Fundación Lenox y quedó depositada en Nueva York. Lo mismo le ocurrió al Discurso que, en 1669, Lope de Mendoza dedicó al Capitán General de Canarias Gabriel Lasso de la Vega, conde de Puertollano. Por causas desconocidas forma parte de la colección Montbret de la Biblioteca municipal de Rouen.
Mejor suerte tuvieron las Descripciones, de cada una de las islas y sus mapas, de Antonio Riviere y su equipo de ingenieros militares, que se conservan en el Centro Geográfico del Ejército, salvo la isla de Gran Canaria, cuyo original desaparecido, según  el geógrafo Tomás López en 1780, lo custodiaba José Clavijo Fajardo.
También los trabajos de Dámaso Quesada Chaves quedaron desperdigados. Su bello mapa, que incluye la isla de San Borondón, pasó a manos del coleccionista Manuel Rico y Sinobas y, adquirida por el Estado en 1902, su cartografía se depositó en el Depósito de la Guerra. Los dos textos de su Canarias Illustrada y Puente Americano, que se conservaban en la biblioteca de la Embajada de España cerca de la Santa Sede; uno, despareció, posiblemente durante la Segunda Guerra Mundial, y se subastó en Londres en diciembre de 1987 adquirido por la Biblioteca Nacional de España; otro, se conserva actualmente en la Biblioteca de la iglesia de Montserrat de Roma. Igualmente, pudo tener una historia semejante el mapa manuscrito de Andrés Amat de Tortosa que, sin motivo aparente, se encuentra en la British Library.
Capítulo aparte merece la colección de mapas grabados de Tomás López copiados de los mapas levantados por Antonio Riviere y su equipode ingenieros militares. Sirvieron de herramienta de primera mano para estadistas, geógrafos, etc. Además, se utilizaron para medir la superficie de las islas, sobredimensionadas en un 30%.
Para completar la colección, se eligieron los mapas de las Islas que figuran en los grandes Atlas europeos de los siglos XVII y XVIII, sin olvidar la Historia Natural de Webb y Berthelot y el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, de Pascual Madoz, acompañado del Atlas de España de Francisco Coello.
Algunas personas, conocedoras del proyecto, le animaron a sacarlo adelante. Se estudiaron alternativas y, finalmente, se convirtió la colección de láminas en un Atlas respetando los textos previstos a los que añadió una amplia introducción sobre cartografía histórica.
Poco después, se puso en contacto con el editor Carlos Gaviño quien, interesado por el proyecto, se ofreció a confeccionar la maqueta para presentarla a las Instituciones y personas interesadas para su posible publicación. A fines de junio de 2011 se había concluido el Atlas. Más tarde vino el calvario de su financiación. Ante la escasa colaboración recibida, tuvo la idea de recuperar la vieja modalidad de la “Lista de Subscriptores”, de finales del s XVIII y con gran auge en el siglo XIX, su puesta en marcha permitió la definitiva financiación del atlas. Se preparó una tarjeta  

Para la captación de los potenciales subscriptores se recibió el apoyo de vario los medios de comunicación; los interesados pueden entrar en las web siguientes:
Artículo firmado por Raúl Gorroño en EL Día el 1 de diciembre de 2013:  http://eldia.es/cultura/2013-12-01/3-cartografia-iba-destinada-rey-era-materia-reservada.htm
Y, Carolina González de TVE 2 en +Canarias, entrevistó al autor del Atlas, el pasado 2 de diciembre de 2013: http://www.rtve.es/alacarta/videos/mas-canarias/canarias-02-12-13/2189339/  [desplazar el cursor, entre el minuto 19 y el 26].
Planeta Vivo Radio Programa nº267 - " Las Islas Canarias a través de la Cartografía " - 19/01/2014: http://www.planetavivoradio.es/imagenes/MP3.png
El 16 de diciembre de 2013  entró en máquinas, la única empresa canaria que se atrevió a editarlo fue ‘Litografía Drago’. Se trataba de un trabajo complicado pues al ser apaisado y de gran formato: 28,5 x 36 cm, y estar encuadernado en tapa dura a la holandesa gran parte del proceso debía ser artesanal, con mano de obra especializada y el consiguiente aumento de horas de trabajo.
El laborioso proceso de edición del atlas quedó concluido y preparado para su presentación a finales de abril de 2014.  Finalmente el atlas fue presentado por don Manuel Lobo Cabrera y don Antonio Santana Santana en la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria el 5 de mayo:


Y el día 12 por don Emilio Abad Ripoll  y don Fernando Martín Galán en el  Casino de Santa Cruz de Tenerife: 


   
El Atlas, consta de 264 páginas interiores a cuatro tintas en papel Gardapatt, de 130 gramos,  con el lomo de tela y el resto forrado al cromo y las tripas cosidas con hilo vegetal. Incluye un total de 172 ilustraciones.  De las que 104 son  reproducciones cartográficas, a gran formato.
El Atlas pretende ser una recopilación de las mapas más emblemáticos publicados por el autor, a partir de 1994, en distintos atlas y monografías: Santa Cruz de Tenerife a través de la cartografía [1588 – 1899], Las Palmas de Gran Canaria a través de la cartografía [1588 – 1899], Tenerife a través de la cartografía [1588 1899], Descripción Geográfica de las Islas Canarias [1740-1743] de Don Antonio Riviere, La Gomera a través de la cartografía [1588-1899], Visita de las Yslas y Reyno de la Gran Canaria Hecha por don Iñigo de Briçuela con asistencia de Próspero Casola, etc. 
Para el estudio de los mapas se ha seguido un patrón permanente: en primer lugar lo que es la parte de identificación de datos mediante una ficha catalográfica, conforme a las pautas de la ISBD (CM) “Normas Internacionales para la Descripción Bibliográfica de los Materiales Cartográficos” [International Standard Bibliographic. Description for Cartographic Materials], convenidas por la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecario y Bibliotecas, de 1987 y actualizada en 1993. Continúa con la parte dedicada a la descripción y análisis de la representación contenida en el mapa; para seguir con aportaciones diversas sobre biografías de los autores o editores y sobre circunstancias de la producción y localización del mapa; para concluir con indicaciones acerca de referencias bibliográficas y la cita de las localizaciones en cartotecas o archivos, con su catalogación y signatura.
Desde hace algún tiempo el libro puede consultarse en la Web de Libros Google, modalidad de “Vista previa”.

martes, 27 de agosto de 2013

DÁMASO QUESADA Y CHAVES

Y

EL “PLAN DE LAS AFORTUNADAS YSLAS DEL REINO DE CANARIAS”

Juan Tous Meliá ©

En mayo de 1996 publiqué el libro El Plan de las Afortunadas Islas del Reyno de Canarias y la Isla de San Borondón (véase «libros de google»). Se trata de un estudio sobre el mapa «Plan de las Afortunadas Yslas del Reino de Canarias», que consideré anónimo; pero que, una serie de circunstancias, permiten asegurar que su autor es Dámaso Quesada y Chaves, quien siendo diácono lo levantó hacia 1765.
 EL PLAN DE LAS AFORTUNADAS ISLAS DEL REYNO DE CANARIAS. POR [DÁMASO QUESADA Y CHAVES].C1765. (CENTRO GEOGRÁFICO DEL EJÉRCITO)

Al año siguiente, Dolores Corbella y Javier Medina editaron el libro Noticias de la Isla de San Borondón, en el que informaban sobre la existencia de dos manuscritos, el conocido desde hace muchos años, que se conserva en la iglesia de Nª Sª de Monserrat de Roma, y el ms. 22520 de la Biblioteca Nacional de Madrid. Con la lectura de ese libro, me di cuenta de que podía haber una relación entre los dos manuscritos de Quesada y el ‘Plan’ sin poderlo asegurar a ciencia cierta, hasta haber consultado alguno de ellos. Sin embargo, fue Jorge Sörgel de la Rosa el que tuvo la intuición de relacionar a Quesada y Cháves con el Plan en su libro San Borondón la historia de una isla mítica, publicado en enero de 2005. Este autor tuvo la fortuna de consultar ambos manuscritos y le fue fácil identificar al autor del mapa, a pesar de datarlo en «una fecha poco después de 1784». No obstante, la fecha que le di en su momento de ‘circa 1765’, fruto de la lectura de los textos del mapa, sigue siendo válida. Para datarlo tuve en cuenta que al sur de El Hierro figura la leyenda «por los franceses año 1765» y que en el medallón nº 48, último rotulado, figura el nombre del obispo don Francisco Delgado, del que se sabe que permaneció en la diócesis entre 1763 y 1769, año en que fue promovido a la de Sigüenza. En mi trabajo, el único dato contrastado era el que figura en el mapa de la isla de Fuerteventura, de Tomás López, editado en 1779. En su cartela dice «Para esta isla, la de Tenerife, Lanzarote, Palma, Gomera, y la de Hierro, se tuvieron presentes los Mapas Topográficos levantados por el Ingeniero en Gefe D. Antonio de Riviere, en compañía de otros Ingenieros subalternos. También dio el Sr D. Francisco Xavier Machado y Fiesco, Ministro y Contador general del Real y Supremo Consejo de las Indias, un plano general de las SIETE ISLAS DE CANARIA, levantado el año de 1742; assi mismo un tanto del que este caballero formó y presentó al Rey el año de 1762. Túvose también un mapa manuscrito mui bueno, aunque sin autor, ni fecha, baxo el título de PLAN DE LAS AFORTUNADAS ISLAS DEL REYNO DE CANARIAS; el cual tenía por orla en la margen superior la Cronología de los Reyes de España, que han dominado las Islas, y la serie de sus Obispos. En la orla inferior habia una noticia abreviada de estas Islas Geografico-Historica. El P. Fr. Francisco Guzman suministró varias noticias conducentes a la mejor ilustración de estos mapas; y lo mismo hizo el señor Don Bernardo de Iriarte, Oficial mayor de la primera Secretaría de Estado y del Despacho». Información que anotó en sus Memorias Lope Antonio de la Guerra y Peña en el año 1781 (véase edición moderna del Cabildo de Gran Canaria, 2002, pp. 616 y 619). Otro dato importante que aporta el mapa es que el autor había escrito una Historia. Circunstancia de la que también se hace eco Lope de la Guerra, en el año 1774, con la cita: «Dícese que ha salido a Luz una Historia de estas Islas compuesta por Don Dámazo (sic) de Abreu Presbítero natural del Realejo que se halla en Roma» (p. 347). Tras una minuciosa pesquisa bibliográfica localicé dos reseñas sobre los trabajos de don Dámaso:
· Una reseña, catalogada con el nº 325, en el tomo dedicado a los «Códices de la biblioteca de la Embajada de España cerca de la Santa Sede» (p. 216) del P. J. M. Pou y Martí, de la que se hace eco Miguel de Santiago en la Revista de Historia, nº 59 jul-Sep de 1942. Es el texto que durante años recopiló con datos para su Historia y que en 1770, en Roma, le dio forma bajo el título Canarias Illustrada y Puente Americano situado en las Afortunadas 7 yslas de Canaria. Compendio del Descubrimiento, Conquista, Situacion y Dominio de ellas Segun las noticias que dan las Coronicas de Don Bartholome Cairasco Canonigo de Canaria, Francisco Viana, D. Juan Nuñes de la Peña y el R. P. Fr. bartolome de Candelaria historiador de la Aparicion y Milagros de N. Sra. de Candelaria; todos naturales de estas Yslas: Los R.R. P.P. Monte Mar; y Quiros; Estrangeros; etc. y muchos manuscritos que notan los sobredichos coronistas, y otros mas aumentada aora con los Breves Apostolicos Mapas, y varias Escalas, para maior claridad. Compuesta por D. Damaso de Quezada y Chaves Diacono natural de la de Tenerife qe la Dedica y Consagra. 23x18 cm; 155 folios, encuadernado en cartón.
· Además, el P. Pou reseña (nº 323, p. 215 y nº 324, p. 216) que hay «dos tomos que constituyen una sola obra» titulada: Las Canarias Ilustradas y Puente Isleña-Americana, fixa en el 1º y General Meridiano. Descubrimiento, conquistas y anales de las siete Islas Dichas Afortunadas. T-I, 19 x 13 cm; 354 folios y, con el mismo titulo, T-II, 19 x 13 cm; 414 folios, más nueve de prólogo que escribió en Roma, hacia 1784.
Ambas obras fueron recogidas por Dominik Wölfel en el libro Die canarischen inseln und ihre urbewohner [Leonardo Torriani.-Descrittione et Historia del Regno de l’Isoile Canarie gia dette le Fortunate con il parere delle loro fortificationi] publicado en Leipzig en 1940, con el título de: «Quezada y Chaves, D. Dámaso de: Las Canarias Ilustradas y Puente Isleña Americana, fixa en el 1º y General Meridiano. Descubrimiento, conquista y Anales de las siete Yslas dichas Afortunadas. En el Obispado antes de Rubycón nombrado hoy de las Canarias, en tres partes o Tomos divididos. Compuestos en Roma por el sacerdote Don Damaso de Quezada y Chaves de la misma Diócesis año de 1770. Parte y Tomo Primero. Y con sus Mapas, y Varias Escalas para la mayor claridad, del mismo Auctor, adornado nuevamente enriquecida con Bulas, corregida y añadida de varias cosas en la misma Roma.- Parte y Tomo Segundo. En la misma Roma, 1784», Wölfel añade que existe «Photokopie im ‘Archivum Canarium’ en Viena». Wölfel cita tres partes o tomos, lo que da a entender que la consideró como una sola obra, en contra de lo referenciado por el P. Pou.
La existencia de dos títulos análogos, pero no idénticos, daba a entender que había dos obras manuscritas, cuyas gestaciones y vicisitudes pueden ser las siguientes:
El manuscrito nº 325 escrito por el ‘diacono’ Quesada en c1770, que se conservó en la embajada de España cerca de la Santa Sede posiblemente hasta 1940; y que, tras permanecer en ignorado paradero, fue subastado en Sotheby’s, de Londres, en diciembre de 1987 y adquirido por la Biblioteca Nacional de Madrid, que le ha dado la signatura ms. 22520. Aunque, permanece inédito, ha sido utilizado por Dolores Corbella y otros («Relaciones lingüísticas canario-americanas: aspectos gramaticales de las cartas de emigrantes isleños» en Centro Virtual Cervantes, Congreso de Valladolid, 1997; el libro ya citado sobre San Borondón y el Diccionario Histórico del Español en Canarias), por Antonio Picazo Muntaner y Jesús García Marín («Referencias al ataque holandés de 1599 y otras notas de la Canarias Ilustrada de Dámaso Quesada y Chaves» en IV Centenario del ataque de Van der Does a Las Palmas de Gran Canaria en 1599. Coloquio Internacional Canarias y el Atlántico, 1580-1648; 2001, pp. 261-268), y por otros autores en pequeñas citas.
Los manuscritos números 323 y 324 que forman una única obra que se conserva actualmente en la biblioteca de la iglesia de Nª Sª de Monserrat, escrita por el ‘sacerdote’ Quesada. Fue utilizada por Emilio Hardisson Pizarroso (1901-1949) para escribir sus artículos, «El Garoé y la Historia de Quesada y Cháves» (Revista de Historia nº 61; 1943, pp. 30-41) y «El descubrimiento precolombino de América» (El Museo Canario, nº 16; 1945, pp. 13-33). Según Miguel de Santiago, su viuda disponía de una fotocopia del mencionado manuscrito (véase Descripción Geográfica de Pedro Agustín del Castillo, Libro III, p. 2.714). Se deduce que esta última obra fue escrita hacia 1784, cuando ya había sido ordenado sacerdote, y creo que es el resultado de ‘pasar a limpio’ el trabajo anterior.

Biografía

Dámaso Quesada y Cháves, nació en El Realejo de Abajo el 10 de febrero de 1728, falleció en Roma en 1805. Fue bautizado en su iglesia de la Concepción el 14 de febrero siguiente (Lib.VI fº 48v). Hijo del alférez Agustín Hernández de Quesada, natural de Gran Canaria, y de Beatriz Josefa de Cháves, del Realejo de Taoro, cuyo matrimonio se celebró el 13 de diciembre de 1716, en la misma iglesia. Fue su padrino de bautismo el presbítero beneficiado Dámaso de Abreu Miranda, por eso es conocido como Dámaso de Abreu. Dejó otorgado testamento.
Don Dámaso inició su carrera sacerdotal en 1752. Fue ordenado de menores (cuarto grado) el 23 de diciembre de 1752, en la parroquia de San Sebastián de la villa de Agüimes (Gran Canaria) por el Ilmo. y Rvmo Sr Dr. Dn. Francisco Morán obispo de estas islas, cuyo expediente había sido iniciado el 28 de agosto de 1752 por el obispado y continuado en La Orotava por el párroco don Gonzalo Barroso y Cháves el 16 de octubre de 1752 (exp. nº 6.105). Fue ordenado de Epístola (subdiaconado) el 21 de diciembre de 1753 en la ciudad de Canaria (fol. 37). Finalmente recibió el diaconado el 20 de septiembre de 1755, en Las Palmas, en la capilla de su palacio (fol. 37), cuyo expediente se inició el 20 de junio de 1755 y se formalizó en La Orotava por el citado párroco el 18 de agosto de 1755 (exp. nº 6.216) del Libro de Asiento de las ordenes que se han de celebrar en el tiempo del pontificado del Ilmo. y Rdmo. Sr. Dr. Dn. Fray Valentín Morán obispo de estas Islas...(1751-1761) (información amablemente facilitada por el sacerdote don Julio Sánchez Rodríguez).
Dueño de la capellanía de los Romay, en la iglesia realejera de la Concepción, pleiteó por una capellanía en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz.
Don Dámaso dice en su primera obra que estaba de diácono en Roma en 1770 y, en la segunda, que seguía en Roma en 1784 y era sacerdote. Por Lope de la Guerra se sabe que ya lo era en 1774. Nada se sabe de su vida entre 1755 y 1770. De sus obras se deduce que estuvo en Madrid, posiblemente en 1765, pues dice que en ese año Carlos III entró a vivir al Palacio nuevo de Madrid y que «uno de los tres cuerpos de Hidalgos hallados en una cueva de Arico fue presentado al rey» (es posible que los otros dos sean los que se llevó, en 1776, Mr. de Puysegur, comandante de la fragata l’Espiegle y depositó en el Gabinete de Historia Natural de París, según Viera, T-I, p. 175). Durante su estancia en Madrid conoció a Juan de Iriarte del que dice que era «Bibliotecario segundo de Su Magestad en Madrid» (fol. 150r, de su primera obra). En esa biblioteca consultó el manuscrito Yslas y Genealogía de Agustín de Herrera de Gonzalo Argote de Molina y la Relación de Méritos de los señores de Fuerteventura de José Pellicer de Ossau y Tovar.

 PLAN DE LAS AFORTUNADAS YSLAS DEL REINO DE CANARIAS. DETALLE CON LOS ESCUDOS DE CASTILLA Y LEÓN Y DE CANARIAS, POR [DÁMASO QUESADA Y CHÁVES]. C1765. (CENTRO GEOGRÁFICO DEL EJÉRCITO)

Cartografía

Los mapas que figuran en Canarias Illustrada y Puente Americano son los particulares de cada isla que inserta al inicio de los capítulos que dedica a cada isla. Estos mapas son copia exacta, isla por isla, del Plan en cuanto a contorno, trascripción de los topónimos y dimensiones de las escalas gráficas. Para corroborarlo basta observar la isla de Tenerife, y el «meridiano en el pico del Tenerife» en el que están las trazas de los paralelos 27º y 28º y en el recuadro están rotulados los paralelo 27º, 28º y 29º iguales que los que figuran en el Plan; sin embargo, los meridianos 360º, 1º y 2º están desplazados un grado aunque conservan los intervalos.
Como ya decía en mi trabajo, es posible que la información para levantar los mapas así como su ‘obsesión’ por las escalas y por la utilización de las unidades de longitud utilizadas en Francia, Inglaterra, Holanda e Italia, la obtuviera de alguno de los ingenieros militares destinados en la isla. Entre ellos cabe pensar que pudo tener relación con Manuel Hernández (estuvo destinado como ingeniero entre 1740 y 1752), Francisco Delapierre (entre 1740 y 1756) y Francisco Gozar (entre 1755 y 1762), quien en 1770 presentó al Ingeniero General Juan Martín Zermeño el mapa «Las Siete Yslas de Canarias» y, principalmente, con Francisco Xavier Machado Fiesco (1730-1808), regidor perpetuo que, siendo diputado en Madrid por la isla de Tenerife, presentó en 1762 al rey Carlos III un Memorial sobre la Defensa de las Islas (10 de mayo), acompañado del mapa: «Plano de las Siete Islas de Canaria, e islotes desiertos adyacentes a ellas, arregladas a las mas exactas modernas observaciones y dedicada al Rey N. S. D. Carlos III». Debajo del mapa lleva una descripción en diez columnas con el título: RELACIÓN DE LAS COSAS MAS NOTABLES DE LAS SIETE ISLAS DE CANARIA ANTES Y DESPUES DE SU CONQUISTA (Véase la trascripción completa en mi trabajo Plano de las Islas Canarias, publicado en mayo de 1994). Este mapa y el Plan obedecen a un mismo diseño, aunque levantado por distinta mano. Cabe pensar que Machado ‘encargó’ el mapa a algún experto que utilizó los trabajos de Antonio Riviere y su equipo de ingenieros, pues él no tenía conocimientos matemáticos para levantarlo, igual que lo hizo Quesada.

 PLANO DE LA ISLA DE TENERIFE, POR DÁMASO QUESADA Y CHÁVES.
C1770 (BIBLIOTECA NACIONAL MADRID)

Una de las cosas más curiosas del Plan es que en él figura una de las pocas representaciones de la isla de San Borondón, formando parte de un mapa general de las islas. Además, incluye en la parte superior, en medallones, los nombres de los obispos de las Islas y de los reyes de Castilla y León; y en la inferior, distribuido en nueve columnas, los primeros pasos de la historia de Canarias y la «Noticia Geográfica» de las ochos islas (las siete y la de San Borondón). También figura una «Escala Geográfica de las leguas que se miden de unas Yslas a otras de la Escala francesa».
Este curioso Plan, una vez levantado por Quesada pudo pasar a manos de Juan de Iriarte (1702-1771), a su sobrino Bernardo de Iriarte (1735-1814), o a fray Francisco de Guzmán. Ya se ha dicho que estos dos últimos proporcionaron varias noticias al geógrafo Tomás López para confeccionar los mapas de las Islas; el P. Guzmán era natural del Puerto de la Orotava, donde nació en 1724, según Álvarez Rixo «era sujeto raro y aplaudido por la diversidad de sus conocimientos, genio agudo y saladísimo para la sátira, como elocuencia y facilidad incansable para el púlpito», Viera lo cita en su Historia diciendo que era célebre «en todas las islas, por su ingenio y diversidad de talentos y en la corte de Madrid por su incansable predicación y rara facundia» (t-II, p. 892). El P. Guzmán fue su rival en los púlpitos, y ridiculizó tanto la Gaceta de Daute como la ‘Tertulia de Nava’. Se le atribuye un anónimo. Debió fallecer en la villa de Alarcón, donde era beneficiado a finales del siglo XVIII o principios del siguiente. En el siglo XIX el Plan siguió en manos privadas pues fue comprado por Manuel Rico y Sinobas (1818-1898), doctor en Medicina y Ciencias Físicas, catedrático de la Universidad Central, académico de la de Medicina y gran coleccionista. Su maravillosa colección fue adquirida por el Estado, entre 1901 y 1902, y repartida entre las grandes instituciones: Biblioteca Nacional: colección de tapas de encuadernaciones de los siglos XVI al XIX; Museo Arqueológico Nacional: instrumentos científicos, armas blancas y de fuego; Deposito de la Guerra (actual Centro Geográfico del Ejército): 179 atlas y 2.416 mapas y planos sueltos; Real Academia de la Lengua: fichero, compuesto por textos de muy diversa procedencia (entre los que abundan los periodísticos) e importante material bibliográfico; y, Museo Pedagógico (1882-1942), desde 1987 en el Centro de Documentación de la Residencia de Estudiantes por el CSIC: colección de muestras caligráficas de los siglos XVI a XIX. El Plan fue catalogado con el número 114 de la colección Rico y Sinobas.
El libro que escribí sobre el Plan tuvo una gran aceptación, pues trataba aspectos muy del gusto de los lectores: San Borondón, el Teide, el origen de los nombres de las islas, el Garoé, el escudo de las islas, la navegación, etc. Temas que Quesada amplía en su obra magna Canarias Illustrada y Puente Americano.
· LA ISLA DE SAN BORONDÓN. El Dr. Sörgel escribió, pienso que influido por el Plan de Quesada, el interesante trabajo, ya citado, que recomiendo a los lectores.
· EL TEIDE. Quesada lo utiliza como referencia de meridianos y hace pasar por él el Meridiano Origen; además, en su libro hace una amplia descripción que titula «De su Particular Montaña de Echeide, oy de Teide» [p. 84-86], que pudo tomar del mapa de Machado ya citado, capítulo que amplía con muchos otros datos. Destaca un dibujo con la ‘Rueda de distancias al Teide’ con una leyenda que dice: «Distancias que hay desde cada lugar a las faldas del Pico, antes de subir la montaña dicha Montón de Trigo, letra A. Teniendo en cuenta que el único camino es el que sube por el Sureste, a la distancia señalada en la rueda hay que sumar la que resulta de rodear sus primeras faldas y subir unas cuatro leguas largas que muchos las computan en seis, por las muchas vueltas de dicha primera montaña letra A». Rodeando el dibujo dice en la parte superior: «El pico tiene de circunferencia esto es sus faldas 4 leguas canarias que son quasi 5 leguas españolas. Componen las 5 leguas, 17 millas italianas o francesas quasi». Y en la inferior: «Son 31 Poblaciones con Parroquias, y las numeradas con el 1 (Laguna ciudad) y 31 (Orotava villa) tienen dos parroquias cada una, en total 33 Parroquias». Sobre ese tema véase mi trabajo El Teide en la cartografía del siglo XVIII (pendiente de publicarse) conferencia pronunciada el 14 de diciembre de 2004 dentro del ciclo El Teide en el siglo de la Ilustración.

 RUEDA DE DISTANCIAS AL TEIDE. POR DÁMASO QUESADA Y CHÁVES.
C1770 (BIBLIOTECA NACIONAL MADRID)

· EL ORIGEN DE LOS NOMBRES ACTUALES DE LAS ISLAS. Quesada hace un exhaustivo análisis del nombre de cada isla; en cierto modo, paralelo al que hace Viera en su Historia. Sobre ese tema remito al lector a mi libro sobre el Plan, teniendo en cuenta que prácticamente todos los historiadores han dedicado un espacio a ese tema.
· EL GAROÉ. También trata Quesada, en su Historia sobre ese mítico árbol. Como ya he dicho Emilio Hardisson Pizarroso, le dedica un artículo en la Revista de Historia.
· EL ESCUDO DE LAS ISLAS. Quesada cita a Miguel de Salazar y diseña y describe el escudo. El trabajo de Salazar, actualmente no localizado, fue utilizado, al parecer, por Francisco Valonga y Gatuellas para preparar su obra manuscrita Títulos de los Reyes de España, escrita a finales del reinado de Felipe IV (1621-1665), en la que se reproduce el primer escudo conservado de las islas Canarias con las siete islas en blasón (Real Academia de la Historia, colección Salazar y Castro, 9/495, fol. 455r) que describe así:
«Tiene este Reyno y Islas por armas siete Islas en medio de un mar y con una letra abaxo de oro que dice OCEANI, denotando en las 7 que contiene este Reyno y las letras del gran mar oçeano denotando que estan en aquel mar» (véase figura y compárese con el escudo del Plan). Quesada dibuja el escudo y junto a él anota: «Este Escudo es del Reino de las Canarias 7 Yslas de plata sobre ondas de mar asul y blancas y la faxa blanca en lo alto que simboliza ser Reyno feudatario y en el gefe del escudo unas letras que dizen occeano de oro; Yta Salazar». Además, le dedica el capítulo «Del Escudo que generalmente les an permitido los Catholicos Monarcas» de su Historia, dibuja dos escudos y lo describe así en: «Como tal Reino se le dio por escudo Siete Yslas de Plata en fondo de ondas de mar asul en lo alto una faxa de Plata y corona de oro orlada con 6 letras de oro oceano»; y añade, «como se ve en la Real Biblioteca de Madrid puestas al Principio de varios Memoriales presentados a Sus Magestades» (fol. 115).
Viera diseñó también su escudo de Canarias que publicó en el frontispicio de su primer tomo (1772) y siguientes, en él representa las siete islas de perfil, con el lema OCEANO en filacteria y, al timbre, una corona real cerrada; flanquean el escudo, dos canes o perros tenantes, bucleados con collar; además, como trofeos, dos banderas, un áncora, una brújula y un cañón. Ese escudo es el que se utilizó desde entonces (Amat de Tortosa, Herrera, Berthelot, Rixo, etc) y es el que inspiró a los legisladores cuando lo convirtieron en el escudo oficial de la comunidad autónoma. Sin embargo, la descripción del escudo que hizo Viera al final del tercer tomo (1776), tras citar entre otros a Miguel de Salazar, dice así: «Las antiguas Afortunadas (las Canarias) son reino Su escudo de armas representa en siete peñas sobre ondas azules las siete islas, con corona real, y en el jefe unas letras de oro que dicen Océano» (Viera, 1969, T-II, p. 419), es curioso que no cita los dos perros tenantes que flanquean el grabado y que sin duda se refieren al topónimo Canaria («Opiniones sobre el origen y etimología del nombre de Canaria», en Viera, T-II, pp. 54-61). O sea, la idea de colocar dos perros tenantes en el escudo de Canarias fue una concepción personal de Viera (Para más información sobre el escudo de Canarias véase: Félix J. Martínez Llorente «El reino de las islas de Canaria como título de la monarquía española y su formulación heráldica» en El reino de las islas de Canaria: nobleza y armas; y José Manuel Erbez, www.geocities.com). Sin embargo, el prestigioso historiador José Hernández Morán («Los canes del escudo de Canarias ¿un equivoco histórico?» en Estudio Canarios nº 44, pp. 435-444) opina que deberían ser los canes o lobos marinos, es decir la foca de Canarias (Monaclus monaclus) o foca monje, los que deben flanquear el actual escudo de Canarias.

 ESCUDO DE CANARIAS POR VALONGA (2ª MITAD S. XVII) REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

  ESCUDO DE CANARIAS POR VIERA, COLOREADO POR ALV. RIXO

· LA NAVEGACIÓN. Repartidas por todo el Plan hay una serie de notas útiles para los navegantes: al norte de Tenerife. «Las Yslas de Madera, Puerto Santo, &., están 70 leguas de Africa al parte central de Naga», «Las dos Yslas Salvages 30 leguas de Naga al Nores». Al norte de Lanzarote, «Cadiz al Nordeste en 9 grados y 30 minutos de longitud y 36 grados de latitud». Al norte de San Borondón, «Yslas de las Asores en 37 a 40 grados de longitud y 180 leguas de la Palma». Al sur de San Borondón, «Yslas de Cavo Verde 140 leguas del Hierro de 14 a 18 grados de latitud». Al este de El Hierro, «Canal de el Hierro o de Indias». Al sur de El Hierro, «Dista 80 leguas del cabo de Bujador que su nueva fortaleza fue desvastada por los franceses año de 1765» (se refiere al establecimiento de unas pesquerías por parte del aventurero George Glass en la antigua plaza de Santa Cruz de Mar Pequeña, a la que llamó Port Hillsborough y latoma y asalto de la fortaleza que había construido). Al sur de Fuerteventura, «punta de Jacomar que esta de las costas de Africa 25 al sur surdeste». Al sur de las islas, «Costa de Africa del Sur». En el Plan figuraban tres barcos de época, uno de ellos señala el Canal de El Hierro o de Indias.

Viera y Quesada dos vidas paralelas

Ambos naturales de Los Realejos y casi coetáneos, el primero nació en 1731 y, el segundo, en 1728. Los dos recibieron órdenes sagradas. Viera recibió las menores en La Laguna en 1750 y, un poco más tarde, las órdenes mayores en Las Palmas de Gran Canaria. Quesada inició su carrera sacerdotal en 1752 y recibió el presbiteriado en Roma después de 1770 y antes de 1774.
Emilio Hardisson Pizarroso (El Museo Canario, nº 16, p. 30) dice: «...ambos sintieron idéntica atracción por las cosas de la patria chica, ambos, en fin, peregrinaron por el mundo sin olvidar su tinerfeña tierra; pero ¡cuán diferentes eran! Viera y Clavijo ––siempre à la page, elegante, irónico, brillante, con una inquietud casi morbosa por lo nuevo, rayando en la incredulidad, enamorado de las recientes conquistas en el campo de las ciencias físicas, químicas y naturales, profundamente crítico– era ya un historiador a la moderna. Quesada y Cháves, en cambio, –prolijo, de expresión retorcida y zigzagueante, sumiso al principio de autoridad, legítimamente pagado de sus entronques con varios parientes muertos en olor de santidad, milagrero, despreciando en el fondo de su conciencia el movimiento filosófico y científico de su época– era todavía un compilador, un cronista».
No fue benévolo Hardisson con Quesada, quizá debido a que analizó el envoltorio sin profundizar en el contenido de su trabajo.
En el verano de 2005 tuvo lugar una enriquecedora polémica entre doña María Rosa Alonso y don José Antonio Cebrián Latasa, recientemente fallecido, sobre el polígrafo José de Viera y el ‘compilador’ Dámaso Quesada y Cháves, y ¿quién copió a quién? Cuando el ‘diálogo’ tuvo lugar yo llevaba tiempo intentando completar la biografía de Quesada y sus andanzas por Madrid, pues son fundamentales para situar cronológicamente a ambos personajes y para saber a ciencia cierta quien escribió primero. Al analizar a los personajes, lo que llama la atención es la frialdad con que Viera lo cita en su viaje a Roma: «recibí visitas [...] otro clérigo paisano mío, D. Dámaso de Abreu, que residía en los catecúmenos», era el 13 de junio de 1780 (Diario del viaje desde Madrid a Italia, p. 76). No obstante, Viera sabía que había escrito una Historia según escribe en sus Memorias Lope de la Guerra, en el año 1774, y Lope era el confidente de Viera de todo cuanto acontecía en las Islas cuando éste se trasladó a Madrid.
Cebrián Latasa decía al ‘dialogar’ con María Rosa Alonso (Diario de Avisos, 8 de agosto de 2005): «Este guía suyo, de estos senderos desconocidos, tuvo que picar el manuscrito de Quesada, estudiar su contenido, hacer exégesis del mismo, investigar a su autor y a sus fuentes. Naturalmente, no desde el método bastante común del "refrito", sino en los fondos documentales, el tortuoso camino de los especialistas. Tal vez su Ortega se equivocara en muchas cosas ajenas a su disciplina, como Serra erraba al menospreciar la Filología y la Estilística. Viera y Quesada ¿quién copió a quién? Quiero decirle que yo sí conozco los textos de Quesada y de Viera. Y, mire por dónde, el segundo es un calco del primero, hasta en la estructura. ¿Sería Viera un plagiario de lo que presumía obra que iba a permanecer inédita, como lo hizo, de un sencillo paisano, coetáneo y cura, con el que hasta coincidiría en el tiempo en Roma?».
María Rosa Alonso le replica (El Día, 5 de septiembre de 2005) así: «Me bastó y basta leer y releer la selección de textos de Quesada Cháves insertos en el trabajo de Hardisson y acordarme de cualquier página de las Noticias para contrastar que el sacerdote Quesada Chaves es un farragoso escritor y que Viera y Clavijo, casi coetáneo suyo, es un delicioso escritor; Quesada, un "compilador" de Historias; Viera un historiador; Quesada, un cura fanático, y Viera, un cura culto. Seguiremos».
Las posturas eran encontradas, pero lo que se discute, no es el elegante estilo literario de Viera frente al farragoso de Quesada, se trata de saber ¿quién copió a quién? y para contestar la pregunta hay que conocer las biografías de ambos, de Viera lo sabemos casi todo, pero de Quesada casi nada sabemos.
Es curioso que la dedicatoria «Al Rey Nuestro Señor Don Carlos III» que figura en el manuscrito de Viera, que perteneció a José Vandewalle y que actualmente se conserva en la biblioteca Cervantes de Santa Cruz de La Palma, empezaba así: «Señor, desde el seno del Mar Atlántico y en medio de aquellas felices Islas que sirven de primer meridiano y como puente a la comunicación de los dos mundos sujetos al glorioso imperio del mejor de los Reyes...» que recuerda al título de la obra de Quesada: Canarias Illustrada y Puente Americano.
Ambas obras tienen un esquema parecido, un resumen del contenido del libro de Quesada, es el que sigue: descubrimiento de las Islas, orígenes, dominio, descripción e historia de cada isla, y una segunda parte dedicada a noticias en general, que incluyen situación, demografía, frutos, comercio y moneda y termina con la cronología de los obispos, que recuerda a la de Viera.
Para ambientar su Historia con mapas, Viera se decidió por copiar el mapa de Glass, editado en 1764; sin embargo, conocía el de Machado y seguramente los de Hernández,Riviere y Gozar, y en el manuscrito de Vandewalle optó por representar el mapa de Pedro Agustín del Castillo y León, ¿por qué lo hizo así?
No es posible en un artículo periodístico hacer un estudio crítico comparado de los dos autores. A vuela pluma he de decir que gana Viera, en principio; ya que, terminó el primer tomo de su Historia en 1763 (impreso en 1772) y, el segundo, en torno a 1766 (impreso en 1773), ambos durante su estancia en La Laguna y, el resto de la obra, estando en Madrid; el tercero en 1776 ya con el título de académico de la Academia Real de la Historia y el cuarto en 1784, curiosamente el mismo año en que Quesada dice que terminó la suya. No obstante, a pesar de que los defensores de Quesada son los que tienen que aportar pruebas, sería equitativo dejar el veredicto en manos de los filólogos, historiadores y estudiosos de la cartografía.
Esta obra nunca se ha editado, creo que tiene un gran interés geográfico, historiográfico, etnográfico, lexicográfico, numismático, etológico e iconográfico, merece un estudio crítico interdisciplinar, estudio que está en marcha según me comunicó el Rector de la Iglesia Nacional Española de Santiago y Monserrat de Roma, en enero de 2006, al interesarme por el manuscrito en julio del año anterior.
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento a Daniel García Pulido, quien de forma desinteresada me facilitó la trascripción del manuscrito de Quesada que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.
San Cristóbal de La Laguna, 27 de marzo de 2007

[Publicado en “El Día” el sábado 7 de abril de 2007]
El © de las imágenes pertenece a los Archivos citados.

lunes, 13 de septiembre de 2010

La isla de El Hierro, o de la Herradura*


Juan Tous Meliá

[Por error, este artículo fue publicado con el título “La isla de El Hierro, de la Herradura” en el Anuario de Estudios Canarios, T-XLIII (1998). pp. 441-449; además, fue publicado sin la cartografía, por lo que quedó “cojo”. El error en el título y la errata fueron corregidos en el Anuario del año siguiente, T-XLIV (1999), pp. 539-540]

* Comentario sobre la reseña de mi libro El Plan de las Afortunadas Islas del Reyno de Canarias y la isla de San Borondón, por don José-Antonio González Marrero (Estudios Canarios, XLI [1997], págs. 435-436).

RESUMEN

Historiadores, lingüistas y geógrafos llevaban años buscando el significado y origen del topónimo El Hierro, faltaba un eslabón: la utilización de la cartografía histórica. Con la ayuda del contorno de la isla y la descripción de su imagen por viajeros, geógrafos y cartógrafos, se puede llegar a la conclusión de que la isla de El Hierro equivale a la isla de la Herradura.

PALABRAS CLAVE: contorno, portulano, topónimo, hierro-ferro-herradura.

ABSTRACT

Historians, linguists and geographers have been looking for the meaning and origin of the toponimic El Hierro for years; one link was missing: the use of the historic cartography. With help of the outline of the island and the description of its image by travellers, geographers and cartographers, it may be thought that the island El Hierro (Iron) is the same as La Herradura (Horseshoe).

KEYWORDS: outline, collection of harbour charts, toponimic, hierro-ferro-herradura (iron-ferro-horseshoe).

* * *

La cartografía histórica es arte, es ciencia y es tecnología que, hasta época reciente, ha sido utilizada por los historiadores para «adornar» sus libros, y sólo cuando no han encontrado fuentes documentales la han utilizado, en casos concretos, para apoyar sus conclusiones. Al ser una ciencia multidisciplinar, necesita el apoyo de numerosas especialidades, como las lenguas clásicas y modernas, la paleografía, la grafística, la papirología, etc. Aunque los mapas antiguos son los ojos de la Historia, no basta con mirar: hay que detenerse en ellos, transcribir sus textos, captar sus mensajes; y estudiar los multiples detalles que los conforman: escala, tipo de proyección, base científica en las que se apoyan los levantamientos (conocimientos astronómicos, geográficos y matemáticos), etc. En resumen: toda la información se obtiene del mapa, y sólo después de que todos los datos han sido minuciosamente verificados es cuando se acude a la Historia como disciplina para contrastar la información obtenida.

Si nos limitamos a una parte muy concreta de la cartografía histórica como es la toponimia de los mapas, debo decir que para un cartólogo la palabra que se transcribe es la que se lee en el mapa, con independencia de la declinación, género y número y de la lengua en que ha sido escrita. La cartografía mal utilizada puede hacernos caer en el error de considerar que el cabo Buixedor de las cartas medievales es el Bojador actual; o, de forma positiva, nos puede ayudar a localizar los pozos del Rubicón –mapa de Lanzarote de Manuel Hernández de 1744- con tanta insistencia buscados por don Elías Serra Ràfols.

Y también nos puede servir para descifrar el origen del topónimo El Hierro, al que tantos desvelos han dedicado lingüistas e historiadores. Las claves de la solución, a nuestro juicio, figuran en mi libro citado, y quisiera desarrollarlas en el presente artículo.

La isla de El Hierro es la más occidental de las islas Canarias. Con una superficie de 287 km2, es también la más pequeña del Archipiélago (al pie, nota 1: Este trabajo fue publicado en El Día del sábado 27 de abril de 1996 en forma de artículo periodístico sin notas a pie de página ni referencias bibliográficas con citación de página. Se ha intentado respetar el texto, se han incluido algunas notas y se ha añadido el listado bibliográfico utilizado en la preparación del trabajo)

Fue conocida como la isla del meridiano cero. Desde que Ptolomeo situó el origen del Mundo en nuestras islas, se ha venido relacionando el meridiano con la más occidental de ellas. En el atlas de Cresques Abraham (1375) (al pie, nota 2: Este prodigioso portulano, recoge todos los conocimientos cartográficos posibles en el siglo XIV. Se conserva en la Biblioteca Nacional de París. Su autor fue Cresques Abraham, judío mallorquín (1325-1387), que lo realizó por encargo del rey Pedro V de Aragón quien lo regaló a Carlos V rey de Francia entre 1364 y 1380. Consta de seis hojas de pergamino, divididas actualmente cada una de ellas en otras dos de 64 cm de alto por 25 cm de ancho. Para un estudio del Atlas ver bibliografía), de la urdimbre de líneas que forman el esqueleto de la carta portulana, la línea vertical de la Rosa de los Vientos que señala la dirección Norte (Tramontana)-Sur (Metzodi), pasa por la Ynsula de lo Fero, aunque la línea marca rumbos puede considerarse como el primer mapa conocido donde figura el meridiano origen. Son muchos, desde entonces, los mapas en que aparece el mencionado meridiano, pero es en el año 1634 cuando el Rey Luis XIII lo declara oficialmente en Francia como meridiano origen. La posición geográfica fue fijada en 1724 cuando el padre Feuillée viajó a las islas (al pie, nota 3: Actualmente el meridiano origen y el meridiano de El Hierro es lo mismo. Los que han tratado esta cuestión han considerado que la isla de El Hierro siempre ha sido situada más al occidente; pero, repasando la cartografía histórica, vemos que no siempre ha sido así. Estamos preparando un trabajo que permitirá profundizar en este tema). Por triangulación, realizada en el El Hierro y aprovechando los eclipses del primer satélite de Júpiter, calculó la situación de Valverde (al pie, nota 4: Muchos autores lo sitúan en Punta Orchilla; pero, leyendo los manuscritos originales del padre Feuillée, se llega a la conclusión de que el punto elegido estaba situado a escasos metros del Convento de San Francisco de Santa María de Valverde.) con una longitud de 19º 55’ 3” respecto del meridiano de París. Posteriormente, en 1884, pasó el meridiano origen a Greenwich (al pie, nota 5: Cuando se levantaron los mapas nacionales en los siglos XVIII y XIX cada país eligió su meridiano origen. Actualmente todavía Austria conserva el meridiano de la isla de El Hierro como origen de longitudes).

Nuestras islas fueron conocidas desde la antigüedad clásica con los nombres imprecisos de los Campos Elíseos, de los Bienaventurados y de las Hespérides. Posteriormente, y ya con un conocimiento más exacto, se ocuparon de ellas, en el siglo I, Pomponio Mela y Plinio, designándolas con el nombre de Fortunatae Insulae. Además, Plinio las describe siguiendo a Estacio Seboso que les dio los nombres de Junonia, Pluvialia, Capraria, Planaria, Convallis, Hespérides y Gorgonas, y a Juba que les dio los de: Junonia maior, Junonia minor, Ombrios, Capraria, Canaria, Nivaria y Purpurarias. En el siglo II el geógrafo griego Claudio Ptolomeo situó las Fortunatae Insulae (en griego Makaron nesoi) y las nombró de Norte a Sur a lo largo del meridiano origen de la siguiente forma: Aprósitos, Heras, Pluvialia, Capraria, Canaria y Ninguaria. Intentar identificar los nombres anteriores y relacionarlos con los actuales es una tarea casi imposible, pues hay tantas relaciones como autores (al pie, nota 6: La apasionante bibliografía que describe esta parte de la historia se cita a continuación del texto, pero creo que todavía, por desgracia, no permite conocer las señales de identidad). A continuación exponemos las opiniones de algunos geógrafos, cronistas e historiadores que han tratado de identificar la isla de El Hierro.

Para fray Juan Abreu Galindo (hacia 1590-1602) es la Pluvialia de Ptolomeo y de Seboso o la Ombrios de Juba. De la misma opinión son don fray Alonso de Espinosa (1594) e Iván Núñez de la Peña (1676). El ingeniero militar Leonardo Torriani (c. 1590), dice que Plinio la llamaba Ombrion (=la lluviosa; Ombrios es el equivalente latino de Pluvialia), lo mismo que fray José de Sosa (1678-1688), cuando dice: A la Ysla del Hierro llamaban Embrión por el árbol del agua, que los naturales llamaban Garao.

Sin embargo, Tomás Marín de Cubas (1694) dice: Pluitana, Junonia menor y Teode fue la isla del Hierro; el primer nombre alude a Plutón, genio del infierno, dador de las riquezas, o fue por la lluvia del árbol que destila agua y es la isla Atilia o Antilia que significa la isla de la noria.

En un interesante estudio, el catedrático D. Juan Álvarez Delgado (1945), defiende la teoría de que la Capraria de Plinio-Juba y de Ptolomeo y la Casperia del P. Espinosa coinciden con la isla de El Hierro. D. Antonio Cabrera Perera (1988) dice: Yo creo que la Plouialia, Ombrios o Pluvalia se pueden identificar con el Hierro, pues Juba señala que navegando desde las Purpurarias hacia el Sur y rumbo al poniente se encuentra la primera (Ombrios). Al escribir estas líneas mi interés no estaba centrado en descifrar los nombres con que la isla de El Hierro fue conocida en la antigüedad clásica, sino en buscar el significado y el origen de la palabra El Hierro.

Fray Abreu Galindo dice al respecto: Hallé que los naturales la llamaron Esero, que en su lenguaje quiere decir fuerte; otros dicen que se llama Fero, que es lo mismo, y como ellos no tenían hierro, ni usaban de él, y vieron que el hierro era cosa fuerte, correspondiente al nombre con que llamaban a su tierra, aplicaron este vocablo y nombre de Esero al Hierro. El licenciado don Iván Núñez de la Peña, siguiendo al poeta Viana (1604) dice que Hero quería dezir fuente, cuyo nombre le dieron por aquella grande Fuente, que en ella avia y más adelante añade Hero llamaron sus naturales a esta isla, hasta que fue conquistada de Católicos; que estos por la llamar Hero; por equivocación, o por corrupción del nombre la llamaron Hierro que hasta oy es conocida y nombrada. José de Viera y Clavijo (tomo I, 1772) decía lo siguiente: Como quiera que sea, yo no seguiré nunca sino las conjeturas más simples. Tengo por cierto que el nombre de la isla del Hierro se originó del hierro metal. Don Juan Álvarez Delgado publicó los artículos «Etimología de “Hierro” ¿”Heres” o “Eres”?» (1941) y «Ecero, Notas lingüísticas sobre El Hierro» (1946) relacionando el vocablo aborigen Esero con su traducción fortaleza o lugar fuerte.

El profesor francés Georges Marcy («L´origine des noms de l´île de Fer», 1945, reproducido en Revista de Historia XV [1949]) aprovechando la tesis del profesor Álvarez Delgado, relaciona la forma Hero con la voz tuareg azeru que significa muralla rocosa vertical y a su vez la relaciona con la isla de El Hierro ya que se presenta desde el mar como un acantilado…

El profesor Serra Rafols (en Régulo Pérez, 1948: 260-264) afirmaba que el nombre «Ferro/Hierro» no era más que una antinomia lingüística: Hierro-Fero-Legnane-Madeira. Por su parte, Juan Régulo Pérez (1949) en su artículo «El topónimo Hierro - escarceos etimológicos» decía todo hace pensar que estamos en presencia de una palabra románica bien conocida, sin relación alguna con formas indígenas… pero no llegó a dar una opinión concluyente (al pie, nota 7: Obsérvese que la polémica sobre el origen del topónimo tiene lugar en la década 1940-1949 y que en los años siguientes no se produce ningún avance, éste llega con las facilidades que existen actualmente para reproducir la cartografía histórica manuscrita).

Podría considerarse pretenciosa, después de tanta tinta vertida, la osadía de retomar el tema y dar una solución al problema: Sin embargo, una serie de circunstancias creo que la justifican. Hace tiempo estaba yo preocupado por el origen de los topónimos con que actualmente son conocidas nuestras islas. Al tratar el tema con el doctor don Miguel Fernández Gutiérrez, gran conocedor de la toponimia canaria, en una tertulia de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, decía que al contemplar El Golfo herreño daba la sensación de estar viendo una herradura. Recurrí a la imagen de la isla que había levantado el ingeniero militar Leonardo Torriani hacia 1590 pero era prácticamente circular: Tiene un circuito de 92 millas, y es casi redonda, decía Torriani en su Descrittione. Igual ocurre con la planta de El Hierro de Pedro Agustín del Castillo de 1686. La única conclusión que se podía sacar es que ninguno de los dos había pisado la isla.

Efectuada una recopilación de las nueve cartas portulanas más representativas, de los siglos XIV y XV y dibujando las formas de las Islas, he aquí un resumen referido a El Hierro (al pie, nota 8: Para efectuar la recopilación se ha procurado representar las islas y una porción de la costa africana a la misma escala, reduciendo o ampliando el correspondiente detalle del portulano).

En la carta naútica de Angelino Dulcert de 1339 (fig. 1) no aparece la isla.



En la de Pizzigani de 1367 (fig. 2) figura sin nombre. En el atlas Mediceo Laurentino se llama I. senza ventura, (no ha sido reproducido pues tiene una datación difícil que se puede fijar entre 1351 y 1415).


En el atlas de Cresques Abraham, de 1375 (fig. 3) se llama Insula de lo fero, que significa isla de El Hierro. La palabra fero, en mallorquín, puede también traducirse por herradura (todavía se puede escuchar a los payeses decir la frase es ferro des cavall que en catalán antiguo sería lo fero de lo cavall).

De la escuela mallorquina son también las cartas de la Biblioteca de Nápoles (fig. 4), de Viladeste (fig. 5), y de Vallseca (fig. 7), y en las tres recibe el nombre de fero.

Las tres restantes son de la escuela italiana (fig. 6, 8 y 9) y también figura con el nombre de fero, que en italiano significa igualmente herradura. Pero lo más interesante es observar el contorno de la isla de las figuras 3 a 9, muy parecido a una herradura, salvo en la figura 8; sin embargo, en las cartas portulanas del siglo XVI se abandona esa forma de representarla y se rotula Hierro (castellano), Fero o Ferro (catalán o italiano), Fer (francés) y Oferro (portugués).

De lo expuesto pienso que puede deducirse que El Hierro equivale a La Herradura, y que puede llegarse a esta conclusión a través de la cartografía. La mejor muestra es el atlas de Cresques Abraham de 1375, si bien en el libro del conosçimiento escrito por un fraile español hacia 1350-60 figura con el nombre de isla de lo fero, este libro se considera anterior a la carta de los hermanos Pizzigani en la que no figura el nombre y el contorno no tiene forma de herradura, aunque pudo haber cartas anteriores que no han llegado hasta nosotros.

Podría considerarse que el objetivo está cubierto: No obstante, creo interesante relacionar a algunos escritores y geógrafos que dieron su opinión sobre la imagen de la isla.

Tomás Marín de Cubas en la historia ya citada, dice: La última es la del Hierro está más al sur de la Gomera y dista cinco leguas de Tenerife, su figura es de media luna. Por su parte, el ingeniero militar Antonio Riviere en la Descripción de la isla de El Hierro (1742), afirma: … al norte de la isla se encuentra, un paraje el más delicioso de ella, llamado El Golfo, pues es cierto que en su tanto, puede competir con lo mejor de otras islas… El teniente coronel de milicias Juan Antonio Urtusáustegui, en el Diario de viaje de la isla de El Hierro en 1779, escribe: El 13 por la mañana [13 de octubre de 1779] revisté las demás dotaciones del Golfo. Este es un valle que cierra desde la punta de la Dehesa que está al occidente hasta los Roques de Salmor al norte una eminente y disforme montaña en forma de herradura…

El geógrafo Leoncio Afonso (1953), dice: El Hierro: la isla de la media luna. Está constituida por una gigantesca semicaldera, cuya concavidad, El Golfo, se orienta hacia el Noroeste. Entre punta Arenas Blancas y Roques de Salmor. La isla forma un arco, cuya concavidad de enormes y abruptas pendientes, conocida por el Golfo, ocupó en otro tiempo el mar, el cual con su labor erosiva, han hecho casi perpendiculares las paredes del mismo… El paisaje más importante de El Hierro apenas conocido por poco más que sus habitantes, es el panorama de El Golfo. Los también geógrafos Jesús Hernández Hernández y Enrique Niebla Tomé (1984), dicen: El Golfo no sólo es el accidente morfológico más espectacular de El Hierro, sino también la comarca más extensa y la más claramente definida gracias al gran escarpe semicircular, abierto al Noroeste, que lo delimita.

Después de lo expuesto, pienso que El Golfo, define la isla y que el viajero que la visite y la contemple con ojos análogos a los que en el siglo XIV la contemplaron desde el mirador de la Peña de Guarazoca o desde el mirador de Jinama, y observe el impresionante panorama de El Golfo no tendrá más remedio que anunciar a los cuatro vientos: Esta isla es como una herradura. Así fue como debió nacer el topónimo El Hierro y debió ser identificada la isla en las primeras cartas portulanas.

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